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Desigualdad entre géneros en sociedades
mientras ha estado vigente el patriarcado

Es un hecho que las mujeres en nuestra sociedad occidental no hemos jugado ni jugamos todavía un papel visible.
En los últimos milenios, frente al notable papel jugado por el varón como detentador del poder público y social, la mujer se ha visto obligada a practicar un papel postergado e inapreciable: el relegado que las normas sociales le ha adjudicado y sometido a los intereses masculinos.

El papel prominente del varón se ha mantenido, gracias a que se ha adueñado de muchos derechos y prerrogativas. Derechos que les ha proporcionado el poder sentir el orgullo y la preparación adecuada para ejercer un papel destacado. Entre ellos el derecho establecido durante cientos de años de poder ejercer en exclusiva el trabajo remunerado y prestigiado; el de ejercer el poder político y religioso; el de poder recibir una instrucción; el derecho a poder desarrollarse físicamente; el derecho y la facilidad para moverse libremente; el derecho y la conveniencia de estar en contacto con el mundo exterior y tener la oportunidad de relacionarse entre los de su propio género; el de tomar decisiones y tener autonomía; etc.

Así que no es de extrañar que los varones hayan sido casi los únicos que han contribuido al impresionante desarrollo de la investigación científica y técnica en los últimos 3.000 años, pero hay que explicitar que estos logros masculinos no se produjeron por casualidad, sino porque hubo una serie de causas y motores que lo propulsaron, como:

1) Han sido los únicos que tuvieron oportunidades educativas para contribuir al progreso durante estos últimos milenios y,

2) Detrás de cada varón siempre había una mujer, que le procuraba el bienestar doméstico necesario, para que se pudiera dedicar de lleno a su investigación o carrera. De manera que el varón ha hecho uso de estos patrimonios durante todo el periodo de vigencia de la sociedad patriarcal.Y ha dado lugar a que nuestra sociedad occidental contemporánea heredase unos comportamientos y unas costumbres en que se privilegiaba exclusivamente lo masculino.

Una sociedad en la que justificando la creencia en la superioridad masculina, los varones han ocupado las posiciones más elevadas de la jerarquía social.

Una sociedad que creía en la desigualdad y en la inferioridad femenina. Y para justificar ese estereotipo, ha levantado altas barreras / fronteras, para evitar que las mujeres las superasen. Y se ha generalizado los estereotipos dañinos en contra de los valores de la mujer.

De forma que, basadas en la falsa creencia de la desigualdad genérica, cada genero ha jugado roles discriminados. Se ha juzgado y tratado a la mujer como a un ser inferior intelectualmente. Con la consideración de un ser inmaduro, eternamente anclado en la infancia y ha sido víctima de terribles violencias.

A la par, la creencia en la desigualdad genérica, desde el advenimiento de la revolución patriarcal y durante todo el periodo de dominio masculino, ha negado a la mujer el acceso a su desarrollo mental y físico, a la educación, al aprendizaje, al desempeño de ciertas profesiones y a la movilidad libre. Se le ha imposibilitado realizar actividades independientes y no se les ha permitido que ejerciesen aquellas tareas satisfactorias que les demostrasen e hiciesen creer, que eran tan valiosas como los varones. Ni que realizaran aquellas tareas a trav?és de las cuales se adquirían los atributos que la realización de la tarea conllevaba, atributos que, sin embargo, exclusivamente al varón se le permitía tener (algo similar a lo que ocurre cuando al hacer gimnasia se desarrollan los músculos que proporcionan el tener fuerza).

Y a la mujer se le ha negado muchos otros derechos. ¡Como es natural no se iba a perder el tiempo cuidando un campo de piedras!

Así que, a las mujeres se las ha discriminado secularmente; se las ha encerrado en el pequeño, cuadriculado, asfixiante y empobrecedor cajón doméstico. La única realidad femenina durante siglos ha estado limitada a permanecer abstraída, respirando la pobre atmósfera del hogar, con triviales imposiciones que reclamaban su atención. Se les ha bloqueado la posibilidad de expresarse en muchos terrenos, sin poder hacer volar la imaginación para ambicionar nada. Ha estado atada de pies y manos, protegida con limitaciones y prohibiciones discriminativas, encadenada con duras cadenas a las tareas inaplazables de la vida diaria. Se les ha impuesto una realidad restringida por medio de una coacción brutal, sin posibilidades de protestar o de rebelarse, sin poder alzar su voz para denunciar los abusos masculinos o la violencia sexual, las violaciones, las agresiones y los malos tratos.

Y las mujeres han crecido como pobres flores inmóviles, atadas con raíces muy profundas y sin libertad.

Y con tantas prohibiciones, los varones consiguieron por fin subordinarla.
Pero no siempre ha sido así, ni lo será en el futuro.

En busca de la igualdad entre géneros

Siglo XXI